Era un día soleado, el olor de las flores lo sentía muy cerca de donde me encontraba. Julian me llamó para avisarme que quería salir conmigo. Él tocó la puerta de mi casa, mi mamá le abrió, pasó a la sala mientras me vestía. Antes de que Julian llegará, quedé observándome frente al espejo, me di cuenta que mi cuerpo no había cambiado mucho desde que mi adolescencia, y que a mis 21 años jamás había estado con un hombre. Mi cuerpo era delgado, tan delgado que mi piel se pegaba a mis huesos, últimamente había dejado de comer debido a mi baja autoestima, por no verme lo suficientemente bella físicamente, la belleza que reflejaba ese espejo era una imagen falsa y señales de que mi personalidad estaba más podrida de lo que pensaba.
Salimos de mi casa y nos despedimos de mi mamá, caminamos hacía el centro, donde nos encontramos con Pedro (el mejor amigo de Julian) desde que lo conocí me gusto muchísimo, su presencia me impactaba, su mirada me encantaba y me excitaba, pero estar con él era imposible. Pasamos por el bulevar, decidimos pararnos frente a un negocio, conocimos a la dueña se llamaba Manuela, era fotógrafa y se dedicaba a vender artesanías desde hace unos años.
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